Mientras el don de José le abrió las puertas del palacio, fue su preparación fue lo que lo mantuvo en el palacio. Dios llama pero tú te preparas.
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Podemos entonces resumir que la santidad es el resultado, es el fruto de la unidad con el Padre, es el fruto de poner nuestra voluntad a un lado para hacernos uno con la voluntad del Padre. Ahora esta unidad no es algo que nosotros hacemos o que nosotros procuramos desde una mentalidad legalista, sino desde nuestra posición como hijos.
Primero Dios me llevó a sanar la herida, luego a reconocer la emoción asociada a ese dolor, para poder descubrir el engaño detrás de la emoción. Para así finamente entender cuál porción de mi espíritu humano que se vio afectada por ese engaño.